Antigua Guatemala, 20 de mayo de 2026. La industria de acuicultura atraviesa un momento de redefinición estructural. Los mercados internacionales —principales destinos de la producción de camarón y tilapia— han elevado de forma sostenida sus exigencias en materia de eficiencia productiva, trazabilidad, inocuidad alimentaria y sostenibilidad ambiental. Competir ya no es una cuestión de volumen: es una cuestión de diferenciación. A esta presión externa se suman desafíos internos. La logística continúa siendo un factor limitante crítico para la competitividad del país: la conectividad vial, la eficiencia portuaria y la agilidad en los procesos de exportación condicionan directamente la capacidad de Guatemala para posicionarse con ventaja en mercados internacionales que demandan tiempos de respuesta y condiciones de conservación precisas.
“Uno de los ejes de mayor interés gira en torno a los avances en líneas genéticas de camarón y su impacto en el desempeño productivo. En una industria donde cada indicador cuenta, la genética deja de ser una variable técnica secundaria para convertirse en una herramienta estratégica. Un camarón con mejores tasas de crecimiento, mayor uniformidad y resistencia a enfermedades puede representar ciclos más eficientes, menor presión operativa y mejores resultados comerciales”, comentó Fernando Canastuj, Presidente de la Junta Directiva Sectorial de Acuicultura y Pesca de AGEXPORT. La ruta estratégica: diferenciación, conocimiento y transformación. Frente a este escenario, el Sector de Acuicultura y Pesca de AGEXPORT sostiene que la respuesta del sector no puede limitarse a ajustes incrementales en la operación, sino debe haber una ruta estratégica de transformación.
La transformación de fondo que proponen está orientada por cuatro pilares estratégicos: monitoreo constante, la prevención sanitaria, el uso inteligente de herramientas tecnológicas y una nutrición ajustada a las necesidades del cultivo, todo determinante para sostener productividad y reducir riesgos. Estos avances también deben darse en la producción de tilapia. Ya no solo es relevante el potencial biológico, sino también la productividad comercial. Es decir, la selección genética contribuye a seleccionar peces con mejor conversión alimenticia, crecimiento eficiente, mayor adaptabilidad y consistencia en producción, aspectos fundamentales para competir en mercados donde la eficiencia define la diferencia. Otro tema es la calidad del agua, uno de los factores más sensibles dentro de cualquier sistema acuícola.
Más allá de ser el entorno donde se desarrolla el cultivo, el agua condiciona la salud animal, el aprovechamiento nutricional, la estabilidad del sistema y la sostenibilidad de la operación. Variables como oxígeno disuelto, pH, amonio y manejo de sólidos se convierten en indicadores que impactan directamente la rentabilidad del negocio. “La discusión técnica también inevitablemente conduce a un tema estructural: la competitividad país. Aunque Guatemala cuenta con conocimiento técnico, experiencia productiva y capacidad exportadora en acuicultura, el potencial del sector enfrenta limitaciones vinculadas a infraestructura”, agregó Canastuj.






